• Inicio
  • Blog
  • Manfiesto. A orillas del Nahuel Huapi

Manfiesto. A orillas del Nahuel Huapi

A 19 años de mi llegada a Bariloche, frente al lago Nahuel Huapi miro el camino recorrido con gratitud. Hoy comparto estas palabras contigo, con la intuición de que todos atravesamos momentos de profundo reconocimiento con nuestra historia. Ojalá te acompañen, sea lo que sea que estés atravesando

Manfiesto. A orillas del Nahuel Huapi

En estas tierras, junto a las aguas sagradas del lago Nahuel Huapi, me refugié hace muchos años de un pasado que, aunque aun no lo sabía, necesitaba dejar atrás.

Aquí he criado a mis hij@s. Aquí he emprendido nuevos caminos. He roto estructuras y moldes; he experimentado; me he roto más de una vez; me he reconstruido y he tejido puentes hacia nuevos horizontes. He encontrado la conexión profunda con los elementos, con Madre Tierra, con las estrellas, con el cielo y, sobre todo, con mi propio corazón.

Este mes se cumplen 19 años de mi llegada a San Carlos de Bariloche y hoy, frente a estas aguas, agradezco profundamente su acogida, su energía, su fuerza y su belleza.

Hoy, frente a estas aguas, abrazo a la niña que fui, a la adolescente que fui, a la joven que fui. Abrazo y honro profundamente a la hija, nieta, sobrina, esposa y madre que fui.

Agradezco y aplaudo cada uno de sus movimientos: sus silencios, sus llantos, sus risas, sus aciertos y sus tropiezos. Agradezco todos esos patrones que le permitieron seguir adelante, siempre adelante en dirección de la vida; con sus dolores, con sus heridas, con sus deficiencias… pero siempre adelante.


Siempre creí en la vida. Siempre creí en mí, a pesar de esa voz crítica y pesada que a veces parece no callarse nunca.

Persiste, bajo esa voz, algo en mí que se arraiga profundamente en mi SER. Una voz que no grita: más bien susurra, canta, respira profundo y habita en el silencio del alma.


Siempre, siempre, a pesar de todo, continué creyendo, caminando, moviéndome, explorando, probando, abriendo caminos… incluso allí donde no hay camino.

No ha sido una vida fácil llegar hasta aquí. Aún arrastro muchas cargas, muchas mochilas ajenas. Aún me enrollo, me encasillo, me atrapo en patrones que no son placenteros ni totalmente orgánicos para mí. Pero sé que fueron adaptativos, porque me trajeron hasta aquí sana y salva.

Porque tengo intacto mi intelecto, tengo intacto mi espíritu. Y tengo mi voz, la voz de mi alma, que me enraíza, me calma, me tiende puentes hacia  mi esencia. Hoy me animo a seguir, a profundizar, cada vez más, en ella, en mi alma, para encontrar el equilibrio entre mi mundo interno y mi mundo externo, y poder seguir dando y recibiendo amor… porque de eso trata la vida.

Hoy te doy Gracias,  Madre Tierra.

Gracias al cielo.

Gracias a  Virginia, en todas tus fases y facetas.

Gracias a todas las personas que han sido parte de mi camino.

Sobre todo, gracias a aquellas que siempre me sostuvieron, me apoyaron incondicionalmente y creyeron en mí aun cuando yo no creía (sabéis quiénes sois).

Abrazo mi pasado y me abro a una nueva vida.


Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Voz Esencial
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X