(Obedeciendo a mis guías)
Hoy recurro de nuevo a la escritura porque es un vehículo que me permite hablar desde el corazón, eligiendo cada palabra con la reflexión y el cuidado necesarios.
Esta mañana, desvelada y bastante cansada, decidí seguir un consejo que recibí de mis guías anoche: “escribe desde el corazón, cuenta lo que necesites compartir”.
Estoy en plena venta de mi taller inmersivo online “Vibra, Siente, Sana”, un espacio que he preparado con mucho amor para dar la oportunidad a quienes aún no conocen esta práctica de iniciarse en el método Voz Esencial, con una inversión pequeña, tanto de tiempo como de dinero.
En este empeño he dedicado recursos (tiempo, dinero y equipo) para hacer llegar el mensaje a más personas de las que habitualmente me siguen en redes.
El mundo interconectado nos ofrece infinitas oportunidades de expansión: compartir nuestros dones a través de los servicios que ofrecemos y encontrar a esas personas que resuenan con lo que hacemos. Estoy profundamente agradecida por ello.
Pero este mundo de las redes también nos expone mucho. Especialmente a quienes, como yo, decidimos cambiar de rumbo: a mis 50 años dejé una carrera abundante y exitosa en el mundo de la política y la conservación internacional, para entregar lo que descubrí como un gran regalo, un camino del alma: el poder sanador de la voz.
El entusiasmo me impulsa a seguir buscando formas de llegar, divulgar y facilitar el acceso a estas prácticas a cuantas más personas sea posible. Todo lo que hago nace de mi propio esfuerzo y de mis ahorros. El aprendizaje es inmenso. Nadie te enseña a hacer esto, hasta que no lo haces. Muchas pruebas, muchos errores, que son parte del camino.
Lo que más disfruto en el mundo es abrir esta puerta de la Voz Esencial a otras personas y observar cómo conectan, cómo se encienden, cómo se asombran con este regalo que descubrí hace ya 11 años y que me sostuvo en uno de los momentos más difíciles de mi vida.
Para poder seguir haciéndolo, no he encontrado otra forma que vender el acceso a algunos de mis programas (digo algunos, porque muchas cosas las comparto de manera totalmente abierta y sin cargo).
Este fin de semana, en respuesta a algunos anuncios en redes sobre el taller “Vibra, Siente, Sana”, recibí comentarios muy positivos, pero también otros que me acusaban, incluso se burlaban, de lo inapropiado de “vender” este tipo de servicios.
Podría ignorarlos. Pero después de 5 años entregando este servicio y comprobando el beneficio que produce en tantas personas, siento que es necesario hablar de ello.
En primer lugar, sí: duelen esos comentarios. No me los tomo de manera personal, pero hacen que el camino sea más difícil. Y entonces recuerdo una frase que siempre me inspira: “las piedras en el camino, son el camino”. Ese pensamiento aligera el dolor y me anima a seguir adelante, porque creo profundamente en lo que entrego.
También me duele constatar que quienes ofrecemos dones del alma debemos poner un esfuerzo extra en demostrar que “no vendemos humo” o que tenemos derecho a recibir un intercambio justo por nuestro tiempo, dedicación y preparación. Sé que este es un dolor compartido por much@s, y por eso me animo a expresarlo. Porque al exponer mi vulnerabilidad, algo dentro se afloja y se relaja.
La transparencia me importa muchísimo. No pretendo aparentar lo que no soy, pero sí sé muy bien quién soy y el valor que aporto.
Quien no resuene conmigo, se alejará.
Pero si resuenas, agradezco tu apoyo: un like, un comentario, un corazón… todo suma.
Porque necesitamos más de esto...
🌱 Más personas entregando sus dones.
🌱 Más tiempo y energía dedicados a redescubrirnos y reconocernos, y recordar que somos mucho más que este cuerpo, esta mente y las rutinas del día a día.
Por eso, entiendo la importancia de ser amables. Como mínimo, de respetarnos, y si lo sentimos, de apoyarnos. De reconocernos.
Seguiré ofreciendo y vendiendo mis servicios mientras el cuerpo, y mi economía, me lo permita.
Porque para mí, la venta es un acto de amor…aunque muchas veces sea incomprendido.
Gracias por estar ahí.
Virgi.